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Politica y Sociedad Espacio dedicado a la informaci n y discusi n de todo lo relacionado con nuestro pa s, departamento y ciudad, pero tambi n de todo aquello que ocurre en el mundo. Noticias, fen menos sociales y datos hist ricos tienen su sitio aqu . Todas las opiniones se aceptan siempre y cuando se hagan respetando a los dem s y sin insultos. . Sus declaraciones incendiarias contra el gobierno, que ella considera socialista aunque es de centro, ya son c lebres en todo el continente y ahora llegan en su nuevo libro El norte de Australia y algo m s: los cambios que necesita nuestro pa s para ser rico. Desde recortes abismales en el salario m nimo hasta propuestas para independizar el noroccidente donde est n sus yacimientos minerales Gina, de 58 a os, es uno de los personajes m s pol micos entre los ya extravagantes archimillonarios del mundo.

La historia comenz en 1952, cuando el avi n privado de su padre Lang Hancock cay por accidente en un lugar donde, oh sorpresa, hab a un yacimiento de hierro. En ese entonces estaba prohibido exportar ese mineral, as que mantuvo el hallazgo en secreto e hizo lobby hasta que logr que la ley fuera derogada. Con la posibilidad de lucrarse con el metal, fund la compa a minera Hancock Prospecting y pronto multiplic su vieja fortuna de terrateniente heredero. Desde joven, Rinehart sab a que alg n d a controlar a esa empresa. Haga lo que haga, Hancock ser mi prioridad y nada se interpondr en mi camino , le asegur a un reportero. Lo dec a en serio y hoy la compa a que hered

de su padre es su vida entera.

Por supuesto a Rinehart no le gust la idea de compartir su fortuna y se enemist con su padre, a quien trat del hazmerre r del pa s en una carta. l, igual de molesto con la avaricia de su hija, le respondi que se hab a convertido en una mujer perezosa y vengativa. Cuando su pap muri a los 82 a os, Gina sugiri que la filipina habr a tenido algo que ver e hizo campa a para hacerle una nueva autopsia al cad ver. Aunque varias personas declararon contra la viuda, al final se supo que la australiana hab a pagado a los testigos, pues Hancock s hab a muerto por causas naturales. La Corte resolvi que las dos mujeres deb an dividirse la herencia.

Rinehart recibi las regal as de las minas de Hamersley cuando equival an a escasos 14 millones de d lares, a diferencia de Lacson que obtuvo cerca de 50 millones en acciones y otros beneficios. Sin embargo, fiel a su principio de disparar las ganancias de la empresa, Gina aument 300 veces el valor de Hancock Prospecting. Ser a una gran historia de xito, si no fuera porque lo hizo a punta de explotar a sus trabajadores con malos salarios y nulas prestaciones.

En efecto, una vez afirm durante una huelga estar dispuesta a traer extranjeros, porque los africanos quieren trabajar y est n dispuestos a hacerlo por menos de dos d lares diarios . El gobierno rechaz de tajo semejante ocurrencia. El estilo australiano no consiste en tirarle una moneda a la gente para que trabaje un d a. Nosotros apoyamos los salarios justos y las condiciones laborales dignas , le respondi la primera ministra Julia Gillard.

A pesar de ese tipo de comentarios, su extraordinaria riqueza le ha permitido salirse con la suya. No solo logr tumbar el impuesto a la miner a que quiso imponer el primer ministro anterior, sino que su gran poder le permite tener cientos de negocios de los cuales es due a exclusiva. Tal vez por eso se ha vuelto obsesiva con todo lo que concierne a su fortuna y hasta es terriblemente celosa con sus hijos.

Cuando Lang Hancock muri , dej un fondo para sus cuatro nietos, John, Bianca, Hope y Ginia. Como ellos a n eran muy j venes, design a Rinehart para que administrara el dinero, que equivale al 25 por ciento de la compa a. Todo fluy a la perfecci n hasta que lleg el momento de que los beneficiarios reclamaran su fortuna. La australiana, alegando riesgos fiscales, cambi la fecha de entrega a 2068, cuando John ya tendr a m s de 80 a os y su mam , 114. Los tres hijos mayores la demandaron y el litigio ya lleva m s de un a o.

Aunque la magnate trat de impedir que los detalles del caso salieran a la luz p blica, la Corte no acept y los pormenores pronto se convirtieron en la comidilla de la prensa. Eso no ha hecho m s que da ar la imagen ya maltrecha de Rinehart, cosa que ni siquiera sus acciones en medios australianos, como el Sydney Morning Herald y Ten Network Holdings, han podido impedir. Una de las acusaciones m s graves en su contra es que supuestamente amenaz a sus familiares con dejarlos en bancarrota si no acced an a cambiar la fecha del documento. A nadie le extra ar a que fuera as , pues se trata de la mujer que le dijo a los australianos: Si est n celosos de quienes tienen dinero, no se quejen, hagan algo para tener m s plata. Empleen menos tiempo fumando, bebiendo y socializando, y m s trabajando .
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