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Cuando el espectáculo de las máscaras termina, cuando los turistas regresan a sus lugares de origen y los venecianos recobran la paz, es momento de descubrir la otra Venecia. La Venecia que, durante siglos, ha enamorado a escritores y pintores, la Venecia de lascalles oscuras,estrechas y vacías, la Venecia que huele a pescado de la laguna y a verdura a primera hora de la maana en el Mercado de Rialto; la Venecia sin ruidos, sin Carnavales, sin cruceros, sin obstáculos entre el espectador y la ciudad.

Dicen las buenas lenguas que a Venecia hay que llegar por mar. Y no hay mayor verdad. El primer contacto con la ciudad de los canales debe ser con la laguna. Tomar en los muelles flotantes el Alilaguna (embarcación que conecta el aeropuerto Marco Polo con la isla) o contratar un taxi acuático (con regateo incluido), es la mejor forma de comenzar la relación con Venecia. Muy distinta será la impresión si sucumbimos a reclamos de autobuses baratos con destino a Piazzale Roma o a la anodina Mestre. A partir de ahí, pocas cosas que veamos en el mundo podrán compararse.

Recorriendo la laguna de camino a la ciudad, a la izquierda, la isla de los muertos, el cementerio de San Michele, donde están enterrados personajes como el compositor ruso Stravinski. Al frente y a lo lejos, esbelto y sobrio, el Campanile nos anuncia la increíble e imponente Basílica de San Marcos y el contiguo Palacio Ducal que, pese a lo turístico de su carácter, nos será del todo imposible dejar de admirar. Pero la verdadera magia de Venecia no es tan visible. No está lejos, pero hay que buscarla: con un buen mapa (plastificado por si llueve), un buen abrigo en invierno y una linterna, por si nos sorprende la noche (algo altamente recomendable).

A Venecia hay que ir sin prisas y sin prejuicios, a deambular por los barrios en los que habitan los venecianos, y en los que, lejos de los inagotables turistas, barren sus campos o campiellos (piazza sólo hay una en toda la ciudad, la de San Marcos) y debaten a primera hora de la maana, realizan la compra o sacan a pasear a sus perros. Buongiorno Venezia!

Los 6 “sestieri”

La ciudad se divide en 6 sestieri (barrios), cada cual con su idiosincrasia y carácter. San Marco, San Polo y Santa Croce aglutinan a la inmensa mayoría de turistas, que parecen dar vueltas, una y otra vez, sobre el mismo eje. Agotador! No podremos, en todo caso, pasar por alto maravillas como la Scuola Grande di San Rocco, donde se refleja el trabajo que el gran Tintoretto realizó durante 24 aos.

Dorsoduro nos permitirá salir de la ruta habitual, pasear tranquilamente por el muelle del Zattere, visitar el Squero di San Trovaso, uno de los pocos talleres de reparación de góndolas que quedan en Venecia, o disfrutar de la belleza barroca de Santa María Della Salute,
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cerca de la punta della Dogana (la antigua aduana).

Cannaregio, el más habitado de los sestieri, será toda una sorpresa para el turista curioso. Ahí está el ghetto judío (el más antiguo del mundo), donde podremos degustar la auténtica cocina kosher (pásese por Gam Gam). Pero también algunas de las iglesias más bellas de Venecia, como la gótica Madonna dell’Orto, donde está enterrado Tintoretto, o Santa María dei Miracoli, verdadera joya del Renacimiento veneciano.

Y así llegamos al apasionante Castello, el más grande y heterogéneo de los sestieri. La mejor hora para pasear por sus calles, las maanas, cuando las mujeres tienden la ropa o los nios van y vienen a la escuela. Allí están, entre otras bellezas, el campo de Santa Maria Formosa (si busca hotel, alójese en el Palazzo Ruzzini), o la iglesia de San Zaccaria.

Nuestro recorrido por la otra Venecia tiene dos paradas más. Una, en La Guidecca, donde está la iglesia de Il Redentore, obra maestra de Palladio. La otra, fuera, en la misteriosa isla de Torcello. Allí descubriremos la iglesia más antigua de Venecia, Santa Maria dell’ Assunta, y la también primitiva Santa Fosca. Hágalo coincidir con la hora del almuerzo y reserve mesa en Locanda Cipriani, que se convirtió en una leyenda literaria, después de que Ernest Hemingway escribiera “Al otro lado del río y entre los árboles” durante su estancia allí.

La gastronomía veneciana

Al contrario de lo que muchos turistas piensan, Venecia no es pasta y pizza en un restaurante junto al Gran Canal, en el que un insistente camarero nos invita a tomar asiento. Si prefiere una propuesta más creativa, la recomendación esIl Ridotto.

Pero si lo que quiere es darse un verdadero homenaje, tómese algo de tiempo para reservar mesa en la Osteria Da Fiore, en el sestiere de San Polo. La mesa que tiene junto al canal es todo un lujo. Mara y Maurizio Martin ofrecen aquí una de las ofertas gastronómicas más atractivas de Venecia, una cocina que ha sabido combinar a la perfección la tradición de la zona con la creatividad. Nuestra recomendación, vaya a mediodía. Da Fiore (una estrella Michelin) ofrece menús a 40 y 50 euros (por la noche la factura puede llegar a triplicarse). Dirección: Calle del Scaleter, 2202.

Algunos consejos más antes de marcharse de Venecia: Si se ha alojado en un apartamento, compre pescado en elMercado de Rialtoa primera hora de la maana y cocínelo en casa; pruebe tambiénla sarde in saor, especialidad veneciana. Y, por supuesto, no se vaya sin disfrutar de unspritz,otrade las razones por las que uno acaba amando Venecia. Este combinado, hecho con Aperol (o Campari), prosecco, sifón, una rodaja de naranja y una aceituna, es todo un ritual para los venecianos. Tómelo en una terraza en Santa Maria Formosa, cerca de Rialto o en Cannaregio. Sin turistas, sin prisas.
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